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LÍNGUA ESPANHOLA 2010
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Questão [ESPANHOL – 2010]Discursiva
Texto Auxiliar 1

Texto para las cuestiones de 6 a 10
Reglas más sólidas para el sistema financiero global
Hay consenso para prevenir nuevos cimbronazos. América Latina debe llevar una voz común a próximas reuniones.
Después de sus dos importantes triunfos políticos — la aprobación de su reforma al sistema de salud y el acuerdo con Rusia para la reducción de las armas estratégicas — el presidente Obama tiene ahora la cancha abierta para retornar al otro gran tema de su agenda doméstica: las regulaciones financieras. Eso de agenda doméstica es una manera de decir, porque tales cambios tienen una incidencia directa en el devenir financiero de todo el mundo. Y si algún ejemplo se necesita, ahí está Grecia. Su situación conmociona a Europa.
Dos hechos sorprenden en esta crisis: primero, recién ahora se descubre que algunas firmas de Wall Street ayudaban al gobierno griego a esconder sus deudas, y así seguir cumpliendo con la Regla de Maastricht, la cual determina que ningún país puede tener un déficit fiscal superior al 3% del producto. Si esto ocurrió entre 4 y 6 años, ¿por qué recién hoy se viene a descubrir? Con razón emerge la pregunta: ¿cuál es la transparencia y la seguridad de los números con los cuales hoy el G-20 y el mundo se enfrentan a la crisis para definir los escenarios de futuro?
Hace poco más de un mes, Henry Paulson Jr., ex secretario del Tesoro en Estados Unidos entre el 2006 y 2009, escribió un artículo señalando la urgencia de hacer dos cambios fundamentales al sistema norteamericano: primero, crear una entidad para monitorear los riesgos en el sistema y evitar que se produzcan nuevas rupturas en los mercados. Lo segundo, y más importante, dotar al gobierno de autoridad para imponer a cualquier entidad financiera una liquidación ordenada si enfrenta una quiebra; para minimizar el impacto en el resto del sistema.
El proyecto está avanzando en el Congreso de Estados Unidos y el senador Christopher J. Dodd propone la existencia de un Consejo de las entidades financieras reguladoras, presidido por el secretario del Tesoro Timothy Geithner, como un mecanismo de alerta frente a cualquier amenaza en el horizonte de las finanzas. Y, por cierto, dotarlo de las facultades necesarias para adoptar medidas frente a la amenaza de una crisis.
Mientras tanto, en Europa piensan no sólo en apagar incendios, sino también en reforzar instituciones. Y allí asoma un tema de fondo y más complejo, como lo ha insinuado Paul Krugman. La pregunta es ésta: ¿Es posible tener un Banco Central autónomo, donde se fija la política monetaria, pero a la vez tener tantas políticas fiscales como países forman parte del euro? Recuerdo que en una Cumbre entre América Latina y Europa en el 2002, en un minuto de confianza, me permití hacer esta pregunta, señalando lo difícil que se veía la tarea de poder compatibilizar una sola política monetaria y tan distintas políticas fiscales. En nuestros países, si hay una política fiscal restrictiva, el Banco Central puede ser más laxo respecto de la tasa de interés, pero si la política fiscal es muy expansiva, con seguridad el Banco Central aplicará elevadas tasas de interés, so pretexto de que no le dejan espacio para hacer su tarea.
Europa hasta ahora no tiene la respuesta, y los temas de esta naturaleza se encuentran en la primera línea del debate mundial. La cuestión de Grecia se ha despejado en parte, pero con una gran novedad: Europa decidió recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) además del apoyo que le puedan otorgar otros países europeos. Y aquí la paradoja puede convertirse en oportunidad. El FMI, hasta antes de la crisis, aparecía como una institución cuya misión no se veía muy clara. Ahora está en el primer lugar de las entidades a las cuales se mira para salvar al sistema financiero y en esto el liderazgo del economista francés Dominique Strauss-Kahn ha sido muy importante. Hay un cambio en el análisis económico de la entidad y este Fondo ya no viene con sus viejas recetas de imponer ante situaciones de crisis la fórmula de apretarse el cinturón y gastar menos. Por el contrario, como ahora todos parecemos ser keynesianos, se dice que ante la crisis cabe tener paquetes de estímulo. Claro, no es fácil endeudarse cuando un país no ha sido previsor, pero lo concreto es que ahora Europa y el presidente del Banco Central Europeo miran al FMI. El Fondo hará su tarea para salvar al euro, pero más allá de eso tendrá una nueva oportunidad: podrá demostrar cuánto ha comprendido que en las realidades políticas y sociales del mundo de hoy es obligatorio considerar también los efectos sociales de las medidas económicas que se proponen.
En dos meses y un poco más tendrá lugar la cita del G-20 en Toronto. Pero ya, en una carta difundida el 30 de marzo, un grupo de líderes señala por dónde debemos ir. En la misiva del grupo dirigente, suscrita por el presidente estadounidense Barack Obama, el primer ministro canadiense Stephen Harper, el presidente francés Nicolas Sarkozy, el presidente surcoreano Lee Myung-bak y el primer ministro británico Gordon Brown, se declara que el primer objetivo es "volver al crecimiento sostenido y la creación de empleo". Y luego agregan: "Necesitamos diseñar estrategias cooperativas y trabajar juntos para asegurar que nuestras políticas fiscal, monetaria, de tipo de cambio, comercial y estructural sean consistentes con un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado".
Hay situaciones nuevas en marcha. China y otros países buscan tener una parte menor de sus reservas en dólares y pensar en otra moneda de intercambio global, como los derechos especiales de giro del FMI. Aquí en América Latina debemos estar atentos a lo que ocurra en las próximas semanas. Tendremos la reunión del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) en Brasil y el encuentro de América Latina-Unión Europea (UE) en mayo. Son escenarios en los cuales esta bullente realidad estará en juego. Tres de nuestros países están en el G-20. Ojalá tengamos una voz común en todo este debate de reformulación económica global para el siglo XXI.
Ricardo Lagos. Clarín (Buenos Aires), 4/4/2010 (con adaptaciones).

Lea el texto y resuelva las cuestiones de 6 a 10. Las respuestas deberán consistir en frases completas en español. Escriba las respuestas con su propio vocabulario. La utilización de citas de los textos de la prueba será penalizada. La extensión de cada respuesta tiene que ser de tres a cinco líneas.